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Tejo de San Cristóbal tiene una altura de más de 13 metros.
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CARLOS J. DOMINGUEZ
La Crónica-El mundo
LEON.— Son los reyes leoneses
del mundo vegetal, los árboles genealógicos de las especies más
antiguas, los más duros y resistentes, las raíces más enterradas en la
provincia, las joyas arborícolas de nuestra tierra.
Por
todo ello, son los once árboles que forman parte de la lista de
elegidos para ser venerados y también protegidos por parte de la Junta
de Castilla y León, que está a punto de ultimar el Catálogo de
Especímenes Vegetales de Singular Relevancia formado por árboles que se
han ganado a pulso ser mimados bien por su longeva vida o su historia,
su relevancia científica, su valor paisajístico, cultural o social.
En
el caso de la provincia leonesa, una de las más arborícolas de la
Comunidad con millones de ejemplares, la lista de los elegidos está
formada por once ejemplares únicos, irrepetibles. Están repartidos por
toda la geografía leonesa, ubicándose cuatro en la comarca del Bierzo,
cinco más en las alturas de la montaña Cantábrica, otro en los páramos
del sur de León y uno más a la falda del monte Teleno en La Cabrera.
La
lista podría ser mayor o menor. La actual es fruto del catálogo inicial
realizado por la Dirección general del Medio Natural de la Consejería
de Medio Ambiente, un inventario con unos 350 árboles en toda Castilla
y León que sin embargo es aún susceptible de incrementarse, ya que el
catálogo de árboles singulares está en pleno período de exposición
pública.
En este tiempo, cuantos lo consideren oportuno pueden
tratar de enmendar desde los datos de cada uno de los especímenes
elegidos como argumentar contra su inclusión e incluso proponer algún
otro de los muchos que podrían pasar a ser también los elegidos.
Al
final, con las alegaciones planteadas, la Consejería de Medio Ambiente
cerrará definitivamente la lista y los árboles elegidos pasarán a tener
un régimen similar al que puede tener un valioso monumento.
De
hecho, la real utilidad del Catálogo de Especímenes Vegetales de
Singular Relevancia es, más allá de dar a conocer la importancia de los
ejemplares incluidos, sobre todo proteger a estos elevados vestigios
que han llegado hasta nuestros días. El registro promueve una especial
protección que evite que las características que hacen a estos árboles
merecedores de formar parte del catálogo sean modificadas, que
garantice en lo posible su supervivencia y que su defensa esté por
encima de otros aspectos, independientemente de que esté en un terreno
forestal, agrícola u urbano.
En la lista de la provincia de León,
destacan sobre todo especies muy propias de estas latitudes, sobre todo
robles en sus diferentes variedades, castaños, que aparecen sobre todo
en el Bierzo, y tejos, de difícil supervivencia que aquí no sólo
sobreviven sino que en al menos dos casos se desarrollan por encima de
lo normal. En casi todos los casos, los ejemplares suman centenares,
cuando no miles, de años.
Sin embargo, uno de los ejemplares más
emblemáticos de la provincia, por no decir el que más, el ciprés del
Convento de La Anunciada, en Villafranca del Bierzo, no aparece en la
lista que ahora se revisa pese a que el año que viene cumplirá nada
menos que los cuatrocientos años que le convierten en uno de los
cipreses más longevos y con más valor botánico de Europa. El problema
puede estar en el delicado estado de salud que padece desde hace meses,
y que a ha llevado a la propia Junta a anunciar su implicación
económica para devolverlo a sus mejores días, no sin grandes
dificultades, según anuncian los expertos.
El Catálogo nació
previa realización de encuestas a agentes forestales y técnicos
medioambientales, siempre con la colaboración de los vecinos de los
pueblos. La ardua labor de catalogación incluía la realización
posterior de una ficha, lo más completa posible, con las
características del ejemplar, si bien se dieron casos de que algunos
árboles no pudieron ser medidos con exactitud por hallarse en terrenos
extremadamente escarpados.
Esas fichas incluyen datos como la
provincia, el municipio, paraje y entorno en el que se encuentra,
nombre científico y popular, propietario, dimensiones, un plano de su
situación y detalles de algunas observaciones y el estado de
conservación.
Sin embargo, el origen del catálogo está doce años
atrás, en la Ley de Espacios Naturales de Castilla y León de 1991,
donde ya venía reflejada la necesidad de clasificar y proteger los
árboles más sobresalientes de la flora de la Comunidad, situándose en
una de las primeras de España.
El borrador del primer decreto, ya
aprobado por el Consejo de Gobierno, recogía 47 árboles aunque se
baraja que al final pueda rondar o superar la cifra de 50 en toda
Castilla y León.
Entre los ejemplares que se han incorporado al
documento se encuentran varias familias arbóreas. De ellas sobresalen
las de los cipreses, secuoyas y robles por su espectacularidad o su
ubicación. Y además, la Consejería estudia la posibilidad de declarar
de especial singularidad parcelas de 20 ó 30 hectáreas en las que se
encuentren especies vegetales destacadas.
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