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El Tejo,
árbol sagrado de los celtas, tiene en San Cristóbal su
lugar sagrado y mágico. Ubicado junto a la vieja ermita
debe ser considerado como una reliquia, un auténtico
monumento vegetal vivo, muy vivo. Sobre su antigüedad
mucho se ha meditado, citado ya por Madoz en su
Diccionario Geográfico de España, dice P. G. Trapiello
"ya miraba perplejo lo que pasaba por El Bierzo mucho
antes de que se colocara la primera piedra de la
catedral de León".
Árbol de
crecimiento lento y gran longevidad, presenta una madera
dura y elástica que era utilizada en la antigüedad para
la fabricación de arcos. Se dice que todo él es tóxico,
incluso las semillas, a excepción del arilo rojo que las
rodea.
La
persistente costumbre de plantar tejos junto a las
casas, o las lindes de los prados es un interés
colectivo, inconsciente sin duda, de ser fiel a las
costumbres de sus ancestros, de la religión astur-celta,
arraigada en el corazón de sus hijos.
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